
Penúltima función en Las Naves del Español de la obra de Claudio Tolcachir con el aforo completo de un público entusiasta y en buena parte compatriota de la compañía.
Si a la vista del escenario podemos pensar que nos enfrentamos de nuevo a La omisión de la familia Coleman la salida de los actores no hace más que reforzar esa idea pues todos repiten reparto. No acaban ahí las similitudes entre una y otra; como corresponde a un proyecto tan maduro como el de Tolcachir el sello de autor se hace patente en el texto y la forma de abordarlo en escena.
Partiendo de esta identidad formal El viento en un violín se aventura por nuevos caminos en cuanto a temática ofreciéndonos una profunda reflexión sobre la manera como afrontamos la vida y sus circunstancias. Los personajes de Dora y Mecha sufren problemas que en el fondo son casi idénticos –madres cuyos hijos ya adultos dependen totalmente de ellas- pero con sus diferentes actitudes representan polos antagónicos. Hacia ellos gravitan el resto de personajes que, en mayor o menor medida, aun se debaten entre ambas posturas: afrontar la vida desde el convencionalismo social o escuchar pese a los inconvenientes su voz interior, un diálogo sordo que está tan presente hoy como en cualquier época pasada.
Eso significa que te gustó o no?
ResponderEliminarMe alegro que me haga esa pregunta :p
ResponderEliminarLa obra captó mi interés, me entretuvo, me hizo reir de vez en cuando y también pensar un poco.
Globalmente me gustó.